DE LA TEMPORADA DE PLAYA


Vida cotidiana / martes, mayo 22nd, 2018

Sí, por fin ha llegado el gran momento. Este año se ha resistido pero…

Empieza la temporada de playa.

 

Vivir entre palmeras, las siestazas en la playa, zambullirse para quitar el calor, que se te pasen las horas leyendo en la toalla… Tres meses para hacer el lagarto y no preocuparse por nada más.

Como todo en esta vida, hay algunos hechos que, sí o sí, vas a vivir durante las jornadas playeras. Y más nos vale ser conscientes de ello y acostumbrarnos. Cuando en verano te dedicas a cohabitar en la playa, por muy asumido y controlado que lo tengas, sigue sorprendiéndote año tras año.

 

LOS HITS DE LA TEMPORADA DE PLAYA

  • Los clásicos ataques de sombrillas voladoras. Siempre hay alguno que no coloca con suficiente presión y firmeza su sombrilla, no falla. Y si no hace viento, nadie se entera, pero a la que sople un poco el fresco… reza para no ser uno de los daños colaterales de la sombrilla que ha salido volando. Pánico me entra a mi cada vez que hay viento.  Pero siempre hay una salida: colocarse lo más cerca posible del mar, en dirección opuesta de donde sopla el viento, así seguro que no te da.
  • Los domingueros. Todos hemos hecho de domingueros alguna vez en la vida, pero hay distintos niveles. Para mó suele equivaler a llevar una sombrilla (siempre tienes la clásica amiga que 30 mín después de llegar ya no puede soportar bajo el sol y da un poquitin por saco), unas aceitunas, una bolsa de patatas, una neverita pequeña con unas cerves (aunque prefiero pagar medio riñón en el chiringuito y que esté muy fría, la verdad) y máximo – MUY MÁXIMO – un tuper de comida. Eso es todo sin contar la toalla y unas palas. Pero, como en todo, hay expertos que te dejan a la altura del betún. Los domingueros de verdad van con el kit entero. Suelen ir en familia y parece que estén haciendo una mudanza. Mesas, sillas, sombrilla, tumbonas, neveras tamaño XXL y comida para abastecer a un pueblo entero. Cuando hablo de comida hablo de que he llegado a ver ollas con cocidos a pleno agosto y a 30º. Obviamente todos vais a ser partícipes de la celebración familiar y vais a sentir que es vuestra familia después de escuchar todas y cada una de sus conversaciones.
  • Esto me lleva al siguiente punto: el poco respeto que se tiene al espacio interpersonal. Tienes dos opciones: o llegar pronto a la playa y coger un buen sitio o llegar tarde y buscar un espacio vacío en el que no estés  pegado – literalmente – al de la toalla de al lado (ahora prefiero llegar tarde y, como mínimo, ponerme a una distancia prudencial del resto de gente). Entiendo que no hay mucho sitio, pero oye, un mínimo, por favor. Hay personas que se pasan por el forro esto del espacio interpersonal y que parece que quieren que te unas a su rato de playa. Eso sí, las patatas no te las ofrecen por mucho que sus pies estén tocando tu cabeza.
  • Los que no saben que, si vas en chanclas, se camina como un pingüino. La arena quema mucho, especialmente entre las 12 y las 4 del mediodía. Lo sé. Yo también lo noto cada vez que quiero bañarme. Comprendo que no vas a quitarte las chanclas pero tampoco es necesario que mi toalla y yo terminemos bañadas de arena. Un poquito de cuidado, por el amor de Dios.
  • Los niños que corren sin importarles la cantidad de arena que levanten. Son niños, lo sé, pero pediría a sus respectivos padres que les den una ligera reprimenda a los retoños. Eso sí, prefiero que me llenen de arena a tener que escuchar a ciertos padres profesar insultos, palabras malsonantes o decirles a sus hijos que son unos inútiles. Se me cae el alma en los pies cuando lo escucho.
  • Las palomas. Sé que no puedo hacer nada en contra de su libre albedrío por la playa. Lo sé y me duele. No obstante, se debería vetar su alimentación. No comprendo por qué diantres hay personas que se dedican a darles comida. Generalmente son extranjeros, todo hay que decirlo. Y claro, tú estás tan tranquilamente tumbado en tu toalla y, de repente, notas una presencia masiva de palomas a pocas toallas de ti. A parte de maldecir al iluminado que les da de comer, mi fobia a los pájaros me obliga a coger mis bártulos e irme lo más lejos posible. ¡STOP ALIMENTAR PALOMAS! (al final voy a tener que hacer una petición a change.org).

 

Y, en el fondo, la temporada de playa no sería lo mismo sin todo esto.

Larga vida al verano y a sus cosas buenas.

 

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