DE VERDADES QUE NO SE CUENTAN


Dándo vueltas al tema, De cuando se me va la cabeza, General / viernes, junio 29th, 2018

A veces nos sentimos un poco engañados.
No en su momento.
No.
Con el tiempo.
En perspectiva.

Sospecho que me mentiste.
Creo estar bastante segura que no me contaste la verdad.
Que me explicaste la historia a medias.
Aquello que no te perjudicaría.
Que te haría quedar bien.
Mucho mejor que si me llegas a contar lo qué en realidad sucedió.
O eso creías tú cuando tomaste la decisión.

Te equivocaste.
Prefiero que me jodas con la verdad.
De hecho, me hubiera consolado más y mejor.
Y dolido menos, por supuesto.

La mitad del mundo me hubiera dicho lo cabrón que eras, que no merecías mi tristeza, mi desconsuelo, mi nostalgia y menos, mi perdón. Y toda esa mierda que echamos a aquel que daña a cualquier amigo.

Pero deberías haber sabido que yo jamás habría hecho ese juicio de valor.
No a la larga.
No con el tiempo.
Creo que ni tan siquiera en su momento.
De ningún modo te habría condenado por ello.

No como lo hago a día de hoy al sentirme engañada.
Traicionada.
Defraudada, al fin y al cabo.

Y no creas que es solo por todo lo que maquillaste el relato al contármelo en voz alta.
Ni tan siquiera porque nuestra historia empezara, precisamente, porque me exigiste sinceridad.
No.
No es solo eso.
Es también por todo lo que me prometiste, arrepentido imagino, y que no cumpliste.
Te lo advertí.
Y quien advierte no es traidor.
“No te comprometas a algo que los dos sabemos que no vas a cumplir”.
Te dije que esa canción ya me la habían cantado tantas veces que me la sabía de memoria.
Insististe.
Prometiste.
Y yo qué sé qué más.

Y obviamente todo fueron palabras que se las llevó el viento.
Consejo para navegantes: en vez de hablar en vano, mejor callar y los hechos ya dirán.
Así funciona mejor
¿verdad?

Por eso te voy a pedir que dejemos de hacer las cosas por educación.
Ni yo quiero tus felicitaciones ni tu interés de rigor por mi vida, ni tú quieres las mías.
Ni tan siquiera guardo tu número.
Y menos quiero saber cómo te va la vida dentro de 10, 15 o 20 años.
Espero que te vaya bien, que seas feliz y que consigues lo que te propongas.
Pero no quiero ser partícipe de ello.
Ni quiero, ni me interesa.

Probablemente no me conocías tanto como creí.
En tal caso, hubieras jugado diferente.
Pero, a estas alturas, ¿qué más da?

Sin embargo, creo que me conoces lo suficiente para ser consciente de que esto, habla claramente de ti.

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