De definirse

El verano. La playa. Vivir muy cerca del mar. Una cerveza bien fresquita. Ese momento en que empiezas a ir achispado y lo sabes. Mejor aún, cuando compartes ese momento con alguien y parece que soys los únicos locos en vuestro tema. El café con leche en taza gigante. Hacer preguntas sin parar. Pasearse durante horas por un supermercado. Mr Brightside. El teatro. Conectar con alguien. Los cumpleaños. Arreglar el mundo con un café, una copa, una cerveza o lo que sea. Vacaciones en agosto. La sensación de tenerlo todo por delante. Los aeropuertos e imaginarse la vida de los demás pasajeros. Un libro que te enganche. Una copa de vino blanco y una tabla de quesos. Oraciones cortas con muchos puntos. Hacer fotos a destajo. Las tradiciones. Inventarse palabras. Cantar a pleno pulmón y como si no hubiera mañana. Hornear galletas, pasteles y cualquier dulce habido y por haber. Pintarse las uñas. Somewhere only we know. La tortilla de patata poco hecha. Reirse solo por recordar algo gracioso. La capacidad de leer dos libros por semana. Colonias, velas y cualquier cosa que huela bien. Los granizados de fresa.  Spanglish como idioma universal. Andar durante horas con destino o sin él. Llenar la nevera de imanes. Si hay aguacate, estoy dentro siempre. La ironia. Usar indistintamente traer y llevar e ir y venir. Tocar mucho las narices ante las faltas de ortografía en catalán. Descubrir una canción y escucharla en bucle 80 veces. Flores porque sí. Los abrazos bien dados. Sentarse en el suelo. Callejear. Los lunes festivos. Bailar. Dormir sin calcetines. Las cenas en terraza.  Las primeras veces. Vermut al solecito. Cualquier cosa al solecito. She moves in her own way. El olor a crema solar y a colchoneta de playa por estrenar. La lluvia nocturna, entre semana y cuando ya estás en cama. Enamorarse de las palabras. Los instantes inesperados.