DE LOS DÍAS MALOS


General / martes, abril 16th, 2019

A pesar de los #dramas y de que me dedique a quejarme mucho de todo (por vicio), soy una persona bastante positiva.

A base de ponerle ganas y esfuerzo, todo hay que decirlo.
Antes no me caracterizaba precisamente por ir predicando otros enfoques menos dramáticos o por ser capaz de relativizar. No obstante, si has escuchado hablar de la plasticidad del cerebro, sabrás que el ser humano se puede adaptar a las situaciones y la práctica continua permite mejorar y aprender.

El cerebro humano contiene muchísimas conexiones neuronales (llamadas sinápsis) y su actividad controla nuestras funciones cognitivas. Estas conexiones no son estáticas, se pueden modificar. Siempre me ha gustado la idea de que hace unos años, ante cualquier experiencia vital se actibaban las conexiones neuronales que me impulsaban a la negatividad pero, con el tiempo fui creando de nuevas y, actualmente (después de mucho esfuerzo, sudor y lágrimas), las que se activan ante cualquier hecho adverso, son las que me llevan a pensar en positivo. Porque las sinapsis no se eliminan o se borran, siguen ahí.

(Quizás si eres un erudito en el tema o tienes ciertos conocimientos de neurobiologia, debes pensar que he metido la pata en algo y que menuda explicación más cutre. En mi defensa diré que después de una carrera llena de asignaturas llamadas «neuroALGO», me he quedado con lo que he podido y gracias. #PrayForMyBrain)

Lo que iba diciendo: que los detractores de la piscología positiva me molerían a palos con los discursitos que (me) monto para dejar(me) claro que todo va a salir bien y que no es para tanto.

Sin embargo, no todos los días pueden ser el sumum de la alegría. Y esto, a día de hoy, me está costando un buen rato volver a tolerarlo. (Manda narices, ¿Quién me diría a mi que al final lo que me costaría es aceptar que todos tenemos días malos?.) Me sé la teoría, pero dedicándome en cuerpo y alma a encontrar lo bueno de cada experiencia, me cuesta aceptar que, en determinados momentos, puedo seguir sin ver la maldita luz.

Hay días malos, ¿verdad? Para mi, para ti y para el vecino del quinto. Y no pasa absolutamente nada.
Hay veces que ya los veías a venir (aunque deja que te diga que eso se acerca bastante a la pre-ocupación y no sirve de mucho) pero hay otras veces que simplemente llegan sin más y… arréglatelas como puedas.

Por momentos parece que las cosas dejan de funcionar y de tener el sentido que le estabas dando. Y te planteas si sigues queriendo eso o si ha llegado el momento de buscar en otras partes. Lo jodido es que nadie tiene la respuesta, ni tan siquiera tú (que básicamente es quién debería tenerla). Y sabes que tomar una decisión es arriegarse a equivocarse.

Pero sin equivocación no hay aprnedizaje, ¿verdad?
Si no arriesgamos cuando sentimos un pálpito, ¿cuándo lo haremos?
Total, el mundo seguirá en pie por mucho que metamos la pata.

Y me sucedió una vez más.
Termino un artículo sin pies ni cabeza, en el que me he limitado a echar en una hoja en blanco todo lo que pasaba por mi cabecita sin ton ni son.




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